Chorizos Caseros de la Abuela Ángeles

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Receta de chorizos caseros

La receta que os voy a dar es un tesoro de la abuela Ángeles que ya no está. Que mejor reconocimiento a sus tantas horas de dedicación en la cocina, no sólo en su hogar sino que fue dejando en muchos rincones de España su saber riojano en sus manjares culinarios.

Desde toreros famosos de la época, banqueros que teniendo fastuosas cenas la llamaban para sus fogones, pasando por la mismísima hermana de la Reina de Inglaterra a la cual le había preparado una dulcísima merienda en compañía de la Duquesa de Alba.

Bueno, lo que os cuento a continuación es lo que hacíamos todos los años en fechas de matanza pero en días sin niebla (siempre decía que la niebla los ahuecaba).

Ingredientes

 

  • 11, 5 KGS  (1 ARROBA) de magro de cerdo  bueno y tocino blanco (del peso total un kilo)
  • 300 gr de sal mediana
  • 250 gr de pimentón dulce o picante
  • 2 cabezas de ajo
  • 1 litro de agua
  • Las tripas te las da el carnicero (pueden ser sintéticas)

 

Necesitas un barreño de plástico o metálico grande. El carnicero te picará a cuchillo fino la carne y el tocino. Lo metes en el barreño, echas la sal el pimentón, los ajos picaditos y el agua. Lo siguiente es pasar el rato en compañía porque tienes que dar y dar vueltas con la mano hasta que todos los ingredientes estén bien mezclados y eso no se hace en diez minutos. Paciencia. Lo cubres con un paño y lo dejas varias horas o hasta el día siguiente.

Esa noche tu casa olerá a manjar de los dioses.

Las tripas las lavas bien dándoles la vuelta en el grifo. A continuación (yo me compré una maquina de ensartar los chorizos que me costó unos 30 euros merece la pena y no abulta nada) pones la tripa en un extremo atada con cuerda que compras en la ferretería para ensartar chorizos y vas echando la carne y se van llenando, procurando que no queden huecos. Luego cierras por el otro extremo.

Cuando los tengas todos, usas unos palos para colgarlos en un lugar seco y fresco. Nuestro lugar era el garaje. Teníamos unos ganchos en el techo y allí descansaban los sabrosos chorizos, los cuales eran los causantes de que todo el barrio incluido mi perro babearan al pasar con tan oloroso manjar. Ni que decir tiene, que haces felices a todos tus parientes y amigos que se dejan caer por allí cuando es hora de recolecta.

Ya sé que ésta receta no es fácil para todo el mundo por el espacio, pero no quería que quedara en el olvido.

Gracias abuela.

(Foto: deramaenrama)

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