
La receta que os voy a dar es un tesoro de la abuela Ángeles que ya no está. Que mejor reconocimiento a sus tantas horas de dedicación en la cocina, no sólo en su hogar sino que fue dejando en muchos rincones de España su saber riojano en sus manjares culinarios.
Desde toreros famosos de la época, banqueros que teniendo fastuosas cenas la llamaban para sus fogones, pasando por la mismísima hermana de la Reina de Inglaterra a la cual le había preparado una dulcísima merienda en compañía de la Duquesa de Alba.
Bueno, lo que os cuento a continuación es lo que hacíamos todos los años en fechas de matanza pero en días sin niebla (siempre decía que la niebla los ahuecaba).


Para mi, la cocina Thai es una de las mejores. Cuando en Bangkok o en Koh Samui pides un curry, tienes que repetir veinte veces la frase «mei pet» (poco picante) y aun así hay altas probabilidades de que este tan heavy que no puedas ni probarlo, tengamos en cuenta que ellos no conciben un plato con menos de cinco guindillas picadas por ración, incluidos muchos postres. La ventaja es que podemos adaptarlo a nuestros gustos, aunque si no te va el picante mejor olvida esta receta.
Pueden servir las huevas de cualquier pescado, pero en mi humilde opinión las mejores son las de merluza. Como todas, esta receta tiene su «truco» para que salga bien y las huevas no se rompan. Si alguno sois reacios a este tipo de manjares el consejo es siempre el mismo: ¡probadlo antes de hablar!


